De olvidos y temores está lleno nuestro paso por el mundo. No olvido mi situación de peregrino, tampoco que solo llevo alforjas y sandalias... y quizá un poco de levadura para el camino. Me apreovecho de los manantiales que encuentro en el camino, y no niego el frío de la mañana que aun hermosa no deja de ser gélida en invierno. Llevo mil y un recuerdos, pero todos en una piedra pequeña y blanca. Las huellas que he dejado algunas el mar se las ha llevado, y no me atrevo a caminar por donde las lenguas de lava han pasado, quizá privilegio de aquellos antiguos hombres, mucho más humanos que los actuales.
Hola, mi nombre no es Prometeo, pero de este personaje griego se aprende muchísimo.
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